Hay personajes que la historia convierte en mito y otros que quedan atrapados en la ambigüedad. Reyes Monforte se adentra en ese territorio incómodo con La mirada del mal, su nueva novela, que rescata la figura de Leni Riefenstahl, la cineasta que fue admirada por su talento y cuestionada por su cercanía al poder nazi.

Periodista y novelista con más de dos millones de lectores, Monforte vuelve a demostrar su habilidad para transformar hechos reales en relatos de gran intensidad narrativa, adentrándose en la compleja frontera entre arte y propaganda, entre talento y responsabilidad, entre memoria y relato oficial. Profesora en Cursiva, donde inspira a otros escritores en el desafío de transformar la realidad en ficción, conversamos con ella sobre el vértigo de documentar una época convulsa, la construcción de personajes incómodos y el reto de dar voz a una mujer que fue, al mismo tiempo, creadora deslumbrante y figura profundamente controvertida.

La mirada del mal se adentra en la figura de Leni Riefenstahl, una de las mujeres más controvertidas del siglo XX. Como novelista, ¿cómo te enfrentas a la construcción de una protagonista tan ambigua sin caer en el juicio ni en la justificación?

Teniendo las ideas claras, los personajes bien definidos, el contexto histórico perfectamente dibujado y los escenarios claves definidos a conciencia. Con personajes tan controvertidos y ricos en matices como Leni Riefenstahl, la sensación se parece mucho al momento en el que te enfrentas a un puzzle de cinco mil piezas y tienes que hacer que todo encaje: te parece que va a ser imposible, pero al final, lo consigues. Es un personaje tan poliédrico que no te permite caer en medias tintas ni tampoco en prejuicios que sólo lastrarían la novela y la propia historia. La foto fija que tenemos de ella es la de una mujer que revolucionó el cine con su talento y escandalizó al mundo por su relación con el nazismo. Hace 10 años que vengo dando forma a La mirada del mal, y ese tiempo me ha servido para empezar a crear una historia en un lienzo en blanco, donde el lector tendrá todas las claves para responder a la pregunta: ¿Fue Leni Riefenstahl una colaboracionista del nazismo o una víctima más del dictador?

La novela plantea una pregunta poderosa: ¿dónde termina el arte y dónde empieza la propaganda? ¿Fue esa tensión uno de los motores narrativos del libro?

Esa tensión está durante toda la novela, y no sólo afecta a esa frontera. A medida que avanzamos, se van desdibujando líneas, límites y situaciones personales y profesionales que pensábamos seguras y permanentes, y que de la noche a la mañana se desdibujan, se desmoronan como un castillo de naipes. El arte, como la vida de Leni Riefenstahl (y de cualquiera) depende de los ojos que lo contemplan. Ella siempre negó que El triunfo de la voluntad fuera propaganda y se defendía diciendo que su película fue premiada en el Festival de Venecia en 1935 (fue la primera mujer en recibir la Medalla de Oro en el certamen) y que ganó la Medalla de Oro de la Exposición Internacional de París, entregada por el ministro de Defensa francés, Édouard Daladier. Argumentaba que sólo buscaba la estética, la belleza, recordaba que Estados Unidos la recibió con grandes críticas («Tan bonita como una cruz gamada» titulaba The New York Daily Mirror), hasta que el estallido de la Noche de los Cristales Rotos lo cambió todo. Estaba convencida de que, si hubiera sido un hombre, nadie le habría reprochado nada. 

«¿Acaso Miguel Ángel no trabajó para el poder establecido? ¿No lo hizo Serguéi Eisenstein en El acorazado Potemkin para Stalin?»

Sea como sea, la película sigue figurando entre las 10 mejores películas de todos los tiempos, al igual que Olimpiada, sobre los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936. Lo que es innegable es que todos utilizaban el cine como propaganda. El presidente Roosevelt le encargó al director español Luis Buñuel –entonces trabajaba en el MoMa de Nueva York–, que realizara un montaje diferente de El triunfo de la voluntad para mostrarla como una película antifascista. La fuerza de las imágenes de Leni Riefenstahl era tan potente que resultó imposible: 

«Nunca se les ocurra exhibir esa película. Guárdenla. Su calidad estética es incontestable, pero asegúrense de que no se proyecte. Si el público la ve, saldrá́ del cine con la convicción de que los nazis son invencibles, seres superiores. La película de Leni Riefenstahl desalentará el esfuerzo de nuestras tropas».

En el libro recorres desde la República de Weimar hasta la caída del Tercer Reich. ¿Qué decisiones estructurales tomaste para manejar un contexto histórico tan amplio sin perder el foco en el personaje?

La vida de Leni Riefenstahl está llena de luces y sombras, al igual que el siglo XX, parece que vayan de la mano: el Berlín pecaminoso de la República de Weimar, el ascenso del fascismo en toda Europa, la aparición de Hitler y el nacionalsocialismo, la consolidación del Tercer Reich y su posterior caída con el final de la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción, no sólo de un mundo destruido por la contienda bélica y el mal, sino de la vida de Leni, que también quedó en ruinas y tuvo que rehabilitarse. Lo hizo. Murió con 101 años, en activo, y sobrevivió a todos. Como ella dice en la novela: 

«He sobrevivido a mi tiempo. Seré eterna, como lo serán mis películas. Puede que no me perdonen nunca, pero jamás me olvidarán».

Leni Riefenstahl fue considerada “los ojos de Hitler”, pero también una artista admirada por grandes cineastas. ¿Cómo trabajaste el punto de vista para que el lector pudiera formarse su propia opinión?

El talento de Leni Riefenstahl es incontestable. Figuras como Steven Spielberg o Ford Coppola la definieron como una gran cineasta que transformó el lenguaje cinematográfico y una documentalista sobresaliente por el valor estético de su filmografía. Para George Lucas era la directora de cine más moderna; Charles Chaplin o Frank Capra reconocieron haber bebido de su técnica. Andy Warhol, Federico Fellini, Quentin Tarantino, Jean Cocteau o Mick Jagger alabaron su obra, y muchos la compararon con Alfred Hitchcock y Orson Welles. Como anécdota, te cuento que la escena del desfile de las hienas, en la película El Rey León, está inspirada en el legado de Leni Riefenstahl en El triunfo de la voluntad, al igual que la ceremonia final de la Guerra de las Galaxias; el propio Chaplin reconoció inspirarse en la técnica de Leni para su película Tiempos Modernos.

Tu trayectoria combina periodismo y novela histórica. ¿Qué herramientas del periodismo te resultan más útiles cuando te enfrentas a una ficción basada en hechos reales?

La documentación es fundamental, son los pilares de la historia. En mi caso, es la parte del proceso de elaboración de una novela que más disfruto, precisamente por esa faceta de periodista que mencionas. Archivos, diarios, fotografías, prensa, libros, planos, cartas, sentencias judiciales, museos, incluso testamentos… Todo lo alejado posible de las herramientas de la Inteligencia Artificial. Creo que, ante el panorama que se nos presenta tan prolífico en bulos, tergiversaciones, guerras de relatos y narrativa interesada, la verdadera memoria viva de la historia serán los libros.

Sin desvelar demasiado, ¿qué se va a encontrar el lector que se acerque a La mirada del mal a partir del 5 de marzo?

Un viaje literario a bordo de una montaña rusa que activa y desactiva el destino. Es una novela sobre las consecuencias que tienen las decisiones que tomamos –a corto y a largo plazo–, el peligro de las compañías y las amistades, el poder de la voluntad, la lucha de egos, la importancia de reinventarse constantemente, la cultura de la cancelación… Y todo en un contexto histórico donde los acontecimientos definieron y redefinieron el mundo tal y como hoy lo conocemos; el siglo XX sigue siendo el mejor guion cinematográfico o la mejor novela jamás escrita.

Para terminar, ¿qué lección sobre el oficio de escribir te gustaría compartir con quienes están dando sus primeros pasos en la ficción histórica?

No soy de dar lecciones, ni siquiera de dar consejos porque cada uno tienes sus recursos y su manera de trabajar. Pero siempre digo que, para poder escribir, primero hay que leer y disfrutar de la lectura. Tal y como yo lo entiendo y lo vivo, antes de ser escritor, el novelista debe ser lector empedernido porque eso son las vías por las que se desplazará el tren de la novela. Si no están bien formadas, con un buen mantenimiento, el trayecto no saldrá bien; es la única manera de disfrutar del viaje.

Con más de 2.000.000 de ejemplares vendidos, Reyes Monforte vuelve con la primera novela sobre Leni Riefenstahl, en la que narra desde sus inicios como bailarina hasta los sonados romances que le dieron fama de mujer independiente y libertina. La mirada del mal es un recorrido por el Berlín pecaminoso de la República Weimar, el ascenso del fascismo en Europa, la caída del Tercer Reich y la reinvención de quien fue considerada « los ojos de Hitler».

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La mirada del mal

La mirada del mal

Reyes Monforte

En mayo de 1945, tras la derrota de la Alemania nazi, Leni Riefenstahl quema documentos, cartas y material fotográfico en el jardín de su casa ante la inminente llegada de los americanos....

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