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María Oruña: «Cuando no escribo, busco historias»

Cursiva

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11 de junio de 2026

María Oruña: «Cuando no escribo, busco historias»

Con más de un millón de lectores en todo el mundo, María Oruña se ha consolidado como una de las grandes voces del thriller contemporáneo. En esta ocasión, además, participará en Cursiva como profesora invitada en el curso Escribir ficción: un viaje a la esencia de la escritura, donde compartirá su experiencia y su método con quienes quieren aprender a construir historias sólidas y memorables.

Hay novelas que se construyen como un mecanismo de relojería. Otras, como un enigma que se despliega capa a capa. La Cámara de las Maravillas, la nueva novela de María Oruña, pertenece a ambas categorías: un thriller ambientado en el mundo del arte que combina intriga, ritmo narrativo y una arquitectura tan precisa como sorprendente. Desde su arranque —una noche de gala en el Palacio Dorado, donde un robo imposible y una muerte inexplicable alteran el orden de lo visible—, la novela invita al lector a entrar en un universo donde cada detalle parece medido y cada revelación tiene su momento exacto.

Conversamos con ella sobre el proceso de escritura: las decisiones invisibles que sostienen la intriga, la construcción de una arquitectura narrativa compleja y el equilibrio entre documentación, ritmo y tensión.

María, La Cámara de las Maravillas se abre con una escena de una gran fuerza visual: una gala, un robo y una muerte que rompe por completo la lógica del momento. ¿Ese inicio fue el germen de la novela o apareció más adelante, cuando ya estabas construyendo la historia?

Lo primero, siempre, es tener una idea primitiva de la que arrancar, y no las escenas de la trama en sí. Lo único que yo tenía al principio era que quería construir una novela en la que hubiese un ladrón de guante blanco y en la que el ingenio y la intriga psicológica fuesen el juego principal. A partir de ahí, y según fui investigando, logré localizaciones adecuadas y personajes con profesiones precisas para la trama. Después fue surgiendo todo lo demás, incluida la escena de arranque.

A medida que avanza la novela, el lector va encajando piezas casi sin darse cuenta. Hay una sensación muy clara de control sobre lo que se revela y cuándo. ¿Cómo trabajas esa dosificación de la información para sostener el misterio sin desvelar demasiado pronto lo esencial?

Cuando se trabaja con una novela de misterio, la precisión y los tiempos son fundamentales, y la fórmula más sencilla y básica para controlar el ritmo y la información es tener a mano una libreta y un bolígrafo. Es necesario lograr una visión panorámica de lo que vas a construir, una escaleta: inicio, nudo y desenlace. Y, dentro de cada uno de esos bloques, el detalle de lo que vas a construir y para qué. Que nunca haya nada de relleno, que todo tenga sentido.

La “Cámara de las Maravillas” no es solo un espacio físico, sino un núcleo narrativo donde convergen el arte, el deseo y el secreto. ¿Cómo construiste ese lugar para que tuviera ese peso dentro de la historia y funcionara casi como un personaje más?

La Cámara hace un guiño a los gabinetes de curiosidades que fueron tan famosos en su tiempo, tras los hallazgos de exploradores y viajeros, y que dieron lugar a los primeros museos. Simbolizan el conocimiento, no son solo una acumulación de arte diverso. En este caso, en La Cámara de las Maravillas se homenajea la belleza, lograda gracias a la mano del hombre a lo largo de los siglos: hay desde instrumentos musicales hasta armas de guerra, joyas delicadísimas y cuadros. Mi idea era que el lector accediese a este mundo de forma natural, apreciando también la naturaleza como otra maravilla: de ahí, por ejemplo, la escena en el jardín botánico.

La Cámara de las Maravillas

María Oruña

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En tu caso, el trabajo de documentación siempre es muy sólido, pero nunca se impone sobre la narración. ¿Cómo decides qué información es necesaria para enriquecer la historia y cuál puede quedar fuera?

La propia trama es la que manda, la que tiene prioridad. Puedes encontrar información interesantísima sobre determinado asunto, pero si no tiene realmente que ver con tu historia, debes desecharla sin piedad. No importa las horas que hayas pasado en un archivo o entrevistando profesionales del asunto que sea. Es fácil detectar información sobrante: si se deja enfriar el texto unos días y, al volver a leerlo, descubres que lo haces en diagonal, saltando párrafos, es que esas líneas sobran.

Bajando al terreno más cotidiano: ¿cómo es tu relación diaria con la escritura? ¿Trabajas con rutinas muy definidas o sientes que cada libro te exige un ritmo distinto?

La escritura implica disciplina y rutinas, da igual el tema sobre el que estés trabajando. Cada cual debe adaptarse a su vida personal, obvio, pero dedicarse a este oficio requiere concentración y entrega.

Cuando no estás escribiendo, ¿la novela sigue trabajando en segundo plano? ¿Cómo es ese proceso más invisible en el que la historia se va construyendo incluso fuera del escritorio?

Cuando no escribo, busco historias. El proceso de investigación es, quizás, el más divertido. Corres el riesgo de no encontrar nada, pero casi siempre das con algo que, en silencio, se empieza a cocinar dentro de ti. A veces tengo la sensación de que, cuando sale una historia, es porque llevaba años en mi interior, creciendo y tomando notas de cada detalle que observo, escucho y aprendo.

Sabemos que participarás como profesora invitada en Cursiva. Si tuvieras que compartir una clave esencial para quienes quieren escribir una novela de intriga, ¿cuál dirías que es el elemento que nunca puede fallar?

Como siempre digo, la libreta y el lápiz son lo primero. No solo para hacer la escaleta de intenciones, sino porque al escribir se asienta la información en la cabeza de otra forma. Es una manera de que la historia se empiece a cocinar, aunque luego vayas a utilizar una mínima parte de lo que escribes. Y no me refiero a escribir a mano la novela —que es algo que yo no hago nunca—, sino a tomar notas, hacer la escaleta o, por ejemplo, resumir lo que consideres interesante de un libro vinculado a tu trama (por ejemplo, de ciencia o historia) y que creas relevante para incluir en la historia.

Y leer. Leer mucho y sin prejuicios, de distintas temáticas y géneros. Probablemente no nos guste alguno de ellos, pero nos ofrecerá perspectiva y sabremos, también, qué no queremos hacer y qué no se ajusta a nuestro estilo narrativo.

Escribir ficción: un viaje a la esencia de la escritura

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